¿Para qué se niega el Holocausto y se justifica a los nazis?

Pedro-Salmerón-Sanginés

Por Pedro Salmerón Sanginés (Historiador Mexicano)

Hace unos años, cuando la caída del socialismo real abrió paso a los discursos que proclamaban el fin de la historia (según el cual el capitalismo es inevitable y eterno), Pier Paolo Poggio ( Nazismo y revisionismo histórico, Madrid, Akal, 2006, en italiano en 1997) mostró cómo las versiones seudohistóricas que niegan o minimizan el Holocausto, banalizan Auschwitz y reivindican el nazismo como mal menor frente a la barbarie asiática, no son únicamente curiosidades ideológicas, sino piezas del nuevo discurso neoconservador:

El revisionismo histórico es funcional u orgánico a la cultura política neoconservadora hoy día en posición preeminente en todos los países occidentales; su objetivo específico consiste en la normalización del nazismo y el fascismo.

En su posición extrema, este revisionismo dice que el Holocausto no existió; lo que implica, necesariamente, un antisemitismo abierto o disfrazado, y una invención ideológica posmoderna: Los negacionistas de derechas y de izquierdas encuentran en el antisemitismo la única forma permanente de anticapitalismo porque, a sus ojos, se ha hecho plenamente realidad una coincidencia, una identificación: los judíos son el capitalismo y el nazismo fue el único que intentó combatirlo de verdad. Así, el sionismo pasa a ser el enemigo principal y el antisemitismo, el frente de batalla común de los que luchan contra el capital (y se construye la paradoja del antisemitismo de izquierdas que, además, resulta útil a los discursos más derechistas dentro del Estado de Israel, como hemos explicado: http://elpresentedelpasado.com/2014/
12/11/sionismo-nazi-y-antisemitismo-progresista/).

“La identificación del judío con el dinero es capaz de alimentar sin cesar nuevas formas de antisemitismo en la era de la globalización de las finanzas; de hecho, esta evolución puede atribuirse a los judíos, confirmando su extraordinario poderío: no sólo resistieron la solución final –una invención suya en su propio beneficio–, sino que son los organizadores ocultos de la financiarización de la economía.”

La política del Estado de Israel hacia los palestinos refuerza y da sustancia a las calumnias historiográficas tipo Werner Sombart, quien inventó que los judíos financiaron el colonialismo y la trata de esclavos, por lo que hay que culparlos a ellos (y exculpar a las naciones arias, dirían sus continuadores).

Los negacionistas se presentan a sí mismos como los heroicos combatientes contra la verdad oficial (cualquier parecido con nuestros falsificadores de la historia no es coincidencia) y acusan a toda historiografía no revisionista de ser mentirosa y de estar al servicio de los sionistas. Al mismo tiempo, rompen con la dicotomía izquierda-derecha, porque su verdad es compartida y propugnada por hombres de ambas alineaciones. Los negacionistas inventan así algo que Poggio llama el socialismo de los imbéciles, que identifica al capitalismo financiero con los judíos, y van en busca del verdadero anticapitalismo, encontrándolo muchos de ellos en el nazismo. No importa una vez más que todas las evidencias demuestren fehacientemente al carácter capitalista del nazismo y la brutal explotación de la mano de obra esclava por la gran burguesía alemana del periodo nazi. Los negacionistas son una secta posmoderna fruto del encuentro de los nostálgicos del nazismo con los epígonos del extremismo de izquierdas.

¿Cómo sostienen sus tesis los negacionistas? Omitiendo la peculiaridad del antisemitismo nazi, muy distinto del racismo colonial clásico, con el que pretenden identificarlo para probar que el Holocausto no ocurrió, porque es ilógico. Inventando –a base de potentes cañonazos a la realidad– el supuesto carácter anticapitalista del nazismo. Resucitando el anticomunismo. Disfrazando el antisemitismo de antisionismo. Y a través de una lenta construcción seudocientífica de patrañas historiográficas que Poggio exhibe y desmonta cuidadosamente, en las que se mezclan el relativismo histórico posmoderno, que privilegia el enfoque narrativo, practica el refinamiento de la deconstrucción y a fin de cuentas busca el olvido, la superación de la historia (seguro que no los leyó EPN, pero sí sus asesores); con una posición ultrapositivista que finge que no hay pruebas sólidas del Holocausto.

No importa que el capital carezca de nacionalidad (y raza). No importa tampoco que al negar el Holocausto, el revisionismo histórico llegue a límites extremos de falsificación de la historia. Lo que buscan es colocar a la historia entera bajo sospecha de ser mentira (al servicio del imperio o del sionismo), y declarar que la verdad es patrimonio de unos pocos elegidos (los que conocen la conspiración judía o conspiraciones más espeluznantes, de las que la judía es sólo fachada).

¿A quién le sirven todas estas patrañas conspiranoicas? En el libro de Poggio queda claro: al sistema mundo, es decir, el capitalismo financiero, y a su cultura política neoconservadora. Termino recordando que una reseña es una invitación a leer.

psalme@yahoo.com

Fuente: Jornada.

 

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