Europa, antes invencible y ahora impotente

Por Adolfo Lorente (Periodista español)

Ahora Niza. De nuevo Francia. Siempre Europa. Más cifras y más letras. Demasiadas. 11-M, 7-J, 13-N, 22-M, 14-J… Los puntos suspensivos no son un recurso literario, son una advertencia, una dramática realidad. Habrá más. La impotencia de Europa se llama estar condenada a guardar minutos de silencio, llorar la muerte de cientos de inocentes, llamar a la unidad, decir que jamás nos derrotarán. La impotencia de la Unión Europea se llama yihadismo islámico.

No hay varitas mágicas por mucho que los populismos se harán escuchar alto y claro estos días. ¿Cómo combates a una persona que está dispuesta a inmolarse conduciendo un camión para asesinar a cientos de hombres, mujeres, niños y bebés? Esto es la impotencia.

Hace sólo un par de semanas, Holanda cedía la presidencia rotatoria de la UE a Eslovaquia recibiendo una lluvia de halagos por su gran trabajo en lo referido a la lucha contra el terrorismo. Europa está más unida que nunca como demuestra el hecho de que tras cinco años por fin se aprobó en abril el registro de pasajeros aéreos, una herramienta «clave» para controlar a los combatientes que acuden a Siria a luchar junto al EI. Pero como ya advirtió hace unos meses el primer ministro italiano, Matteo Renzi, «no se trata tanto de blindar las fronteras exteriores porque el enemigo ya lo tenemos dentro de casa».

¿Qué hacer? El lunes, los ministros de Exteriores de los Veintiocho se reunirán en Bruselas para volver a guardar un minuto de silencio y condenar la enésima salvajada. Antes, desayunarán con el secretario de Estado de EE UU, John Kerry. El encuentro no se debe a lo ocurrido en Niza, ya estaba previsto.

El atentado de Niza pilló a los grandes líderes europeos en Ulan Bator, la capital de Mongolia, en la cumbre Europa-Asia. Francia no cederá», zanjó el presidente del Parlamento Europeo, Martin Schulz.

Desde hace muchos meses, cuando se habla de terrorismo casi todos los pensamientos llevan a pensar en una palabra: Bruselas, el símbolo de Europa, la víctima del 22-M. La capital belga aún sigue llorando a sus muertos sin recuperarse del estigma internacional que sufrió por sus errores policiales y por permitir que barrios como Molenbeek se hayan convertido en cuna del yihadismo. El primer ministro, Charles Michel, condenó este «nuevo acto cobarde» y reconoció que las fuerzas de seguridad ya habían advertido de que un atentado de estas características con un vehículo podía suceder. Y si el jueves Francia celebraba su fiesta nacional, el día 21 lo hace Bélgica. Crucen los dedos. El país se blindará, porque no se suspenderán los actos programados.

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