El mito de la “islamofobia”

Por: Ruben Kaplan

Publicado originalmente el 4 de enero del 2011.

El 25 de junio de 1996, un atentado terrorista (reivindicado por varios grupos extremistas islámicos) fue perpetrado mediante un camión cisterna con explosivos detonados contra el complejo habitacional de Khobar Tower donde se alojaban efectivos castrenses de la base militar estadounidense de Dahran, en el este de Arabia Saudita, provocando 19 muertos y 400 heridos. Aquel mismo año, paradójicamente, una autoproclamada “Comisión de musulmanes británicos e islamofobia” creó el neologismo “islamofobia”, que significa literalmente “miedo irracional al Islam. Desde entonces, en una clara manipulación, muchos islamistas apoyados por la izquierda y sectores del progresismo, pretenden utilizar el término como si implicara intrínsecamente prejuicio o discriminación contra los musulmanes, tornando a los elementos radicales de estos últimos de victimarios en víctimas. La palabra islamofobia logró un cierto grado de reconocimiento lingüístico y político al punto que el africano Kofi Annan, entonces Secretario General de Naciones Unidas, en diciembre de 2004 presidió una conferencia denominada “Enfrentando la islamofobia” y posteriormente una Cumbre del Consejo de Europa, condenaba la islamofobia.

La organización Amnistía Internacional se ha pronunciado contra la islamofobia, en lo atinente a la indumentaria islámica. Esta organización considera que “todas las personas tienen derecho a decidir si usar o no indumentaria o símbolos religiosos, y que deben tomar esa decisión sin sufrir discriminación, violencia ni coacción. No contempla en su crítica el organismo internacional, las decenas de casos en que mujeres u hombres cubiertos con burkas de la cabeza a los pies, se inmolan y llevan a cabo atentados suicidas como lo registran con asiduidad las crónicas periodísticas. Amnistía también lamentó que en 2009 los votantes suizos decidiesen introducir en la Constitución, la prohibición de construir minaretes en las mezquitas en 19 de los 23 cantones suizos. David Diaz-Jogeix, director adjunto del Programa Regional para Europa y Asia Central de Amnistía Internacional declaró: El voto afirmativo resulta sorprendente y muy decepcionante. Es realmente escandaloso que Suiza, un país con una larga tradición de tolerancia religiosa y ofrecimiento de refugio a las personas perseguidas, haya aceptado una propuesta discriminatoria tan absurda”.

Al respecto, también se pronunció la Conferencia Episcopal de Suiza que lamentó el resultado de la consulta. Su portavoz, Walter Müller, dijo que es “un obstáculo en el camino a la integración y al diálogo interreligioso en el respeto mutuo”. En este caso, las plausibles y ecuménicas expresiones de Müller, no tienen en cuenta que el respeto debe ser mutuo y no unilateral.

Muchos musulmanes que se sienten objeto de islamofobia argumentan que los medios de comunicación presentan cierta información de forma tendenciosa, presentando como característico de todos los países islámicos prácticas que solamente ocurren en unos pocos. Otros prefieren citar casos excepcionales y exiguos donde las víctimas son islamistas como el de la egipcia Marwa el Sherbini quien resultara muerta a puñaladas, en el tribunal de Dresde, Alemania, a manos del hombre juzgado por llamarla terrorista, el de Ali Mohamed, imán de una mezquita en California, fuera quemado vivo en su propia casa. O que a Mohamed el Salamoni lo ultimaran a golpes, seis meses después de comenzar su misión en el Centro Islámico de Londres.

En un estudio realizado por la Universidad de Leicester se narran acciones como “acusar a un ciudadano árabe de terrorista para que se baje de un autobús” o “lanzamientos de huevos sobre estas personas”.

Según el Consejo de Relaciones Americano- Islámicas (CAIR), sospechado de apoyar y patrocinar a grupos terroristas como el Hamas que gobierna la Franja de Gaza, los “Ataques a la comunidad musulmana estadounidense y sobre el Islam aumentaron a un nivel sin precedentes en 2010″. El Secretario general de la organización de los 56 estados de la Conferencia Islámica, Ekmeleddin Ihsanoglu, afirmó recientemente que “Islam y los musulmanes están bajo ataque grave, y la islamofobia está creciendo y es cada vez más desenfrenada y peligrosa”.

De acuerdo a lo precedente, daría la impresión que los musulmanes son atacados, discriminados, asesinados, perseguidos por xenófobos, sus mezquitas incendiadas. Esto es una falacia; marginalmente de cualquier ataque aislado que sufra un musulmán, hecho absolutamente condenable, la realidad es que Occidente es la verdadera víctima del radicalismo islámico.

Los musulmanes deberían desestimar el desacreditado término islamofobia y encarar una introspección seria. En lugar de culpar a la víctima potencial por temor a que sea ejecutor, harían mejor en cavilar cómo los islamistas radicales han transformado su fe en una ideología que celebra el asesinato como sostiene Al-Qaeda: “Vosotros amáis la vida, nosotros amamos la muerte” y desarrollar estrategias para redimir su religión combatiendo el terrorismo y desterrar todas las formas de totalitarismo, los crímenes por honor, la violencia contra las mujeres, las lapidaciones, y adherir a lo publicado en uno de los párrafos de “El Manifiesto de los Doce”(firmado por un grupo de 12 intelectuales de diferente procedencia, en marzo de 2006): Rechazamos renunciar a nuestro espíritu crítico por miedo a ser acusados de “islamofobia”, un concepto desafortunado que confunde la crítica del Islam como religión con la estigmatización de sus creyentes.

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