Entre la memoria y el olvido

Junior

Por Lic. Junior Aguirre Gorgona*

En un artículo publicado en La Nación (Costa Rica) el pasado 8 de diciembre titulado “Un museo para los olvidados”, el señor Félix Kalhai con muy buenas intenciones relata la necesidad de erigir museos que nos recuerden las distintas masacres sufridas por distintas minorías con el objetivo de no olvidar que esos grupos también sufrieron los azotes de la ambición y la barbarie de gobernantes, reyes y dictadores que una vez estuvieron al frente del poder. Una labor muy loable por parte de don Félix, pero con un grave error.

En el desarrollo del artículo se puede apreciar como el autor argumenta que hay una gran cantidad de museos que nos recuerdan la Shoá (Holocausto) ubicados en distintas partes del mundo, y como este acontecimiento acabó con la vida de seis millones de Judíos durante la Segunda Guerra Mundial, el meollo del asunto está en lo que relata posteriormente: con el título Otros holocaustos empieza a detallar una serie de crímenes ocurridos antes y después del genocidio judío, entre los que cita a los gitanos donde argumenta y pregunta “¿cuántos museos de los gitanos existen?”, siguiendo con el “holocausto indígena” (término mal empleado, hubiese sido recomendable usar “genocidio indígena”, aunque este aún no alcanza esa categoría) y para finalizar critica la ausencia de museos alrededor del mundo sobre el genocidio de los jemeres, entre otros.

¿Hay algo de malo en que el señor arremeta y apele a la conciencia internacional y exija la edificación de museos que nos recuerden a los que vilmente fueron despojados de su existencia? En lo absoluto, es más, puedo decir abiertamente que me uno a esa causa, el problema radica cuando su argumento alude que –parafraseando- “no es un problema de museos, sino por una situación de riqueza y pobreza.” Le pregunto a Félix: ¿es necesario desprestigiar una causa para defender otra? ¿Solucionará esto el problema de memoria colectiva que tanto le preocupa al recordar unos crímenes y otros no, por cuestiones supuestamente clasistas? Dicha posición deja mucho entre ver y sobretodo qué pensar ya que aunque no haya sido su intención en el desarrollo de su escrito, trazó una línea y un punto de relación  entre la gran cantidad de museos sobre la Shoá, los pocos que hay sobre otros genocidios o crímenes contra la humanidad y la paradoja del dinero; esto da pie para que el lector incurra en un error, y desvaloriza una causa por la aparente defensa de la otra.

El Centro Israelita Sionista, ofrece a toda la comunidad costarricense, principalmente a colegios y gremios, una visita guiada por sus instalaciones que incluye la Sinagoga y el museo, además de brindar charlas donde se concientiza a todos los visitantes sobre la importancia de recordar no sólo el genocidio contra los judíos sino los cometidos contra toda la humanidad (incluyendo a los que Félix menciona como olvidados). Además de esto, en un esfuerzo conjunto del Ministerio de Educación Pública, el Colegio de Licenciados y Profesores, Yad Vashem y Bnai Brit Costa Rica, brindan capacitaciones certificadas a docentes de Estudios Sociales y Español de todo el país sobre Derechos Humanos y Genocidios Recientes, donde se enseña sobre todas y cada una de las barbaries cometidas contra minorías y no sólo contra judíos, dicho esto el argumento de exclusividad queda inválido.

Hannah Arendt, en su libro “Eichmann en Jerusalén” (1967) relata los hechos ocurridos durante el juicio de uno de los cómplices de la Solución Final  y el encargado de transportar a judíos, gitanos, homosexuales, Testigos de Jehová y presos políticos hasta los campos de concentración y exterminio del régimen nazi, la autora que fue enviada especial del New York Times para realizar una crónica del juicio, narra cómo Eichmann justificaba una y otra vez su accionar aludiendo obediencia e ignorancia, de ahí Arendt acuña su famosa frase “La banalidad del mal”, este término no sólo hace referencia a la negación de un crimen y al argumento de ignorancia, sino a toda aquella acción que pretenda minimizar –o negar- un hecho por la defensa del otro. Algunos autores del movimiento revisionista, entre ellos el más conocido: Faurisson que en sus libros niega que Auschwitz haya existido alguna vez, representa el mayor peligro de no promover la memoria y el recuerdo.

La memoria no es una cuestión de riqueza, raza o etnia, sino una labor de todos; minimizando una causa o argumentando su afluencia no resuelve el problema, solo lo agrava y si no se es exhaustivo se puede incluso caer en errores graves al banalizar un hecho contra otro. La Shoá no sólo pertenece al pueblo judío, la misma tiene un carácter universal, en ella se encierra  no sólo el sufrimiento y el crimen contra una minoría especifica sino contra la misma humanidad y la traición a todas las Leyes Internacionales que en ese momento amparaban a los civiles, es por eso que los museos del Holocausto al rededor del mundo no sólo enseñan sobre un crimen cometido contra un grupo, sino sobre el acabose del sentido de la humanidad en las personas y en los países que se atrevieron en aquel momento a olvidar a sus semejantes.  Así que no es una cuestión de quién tiene más o menos museos, sino de memoria, de recordar cada crimen cometido contra cualquier ser humano en cualquier parte del mundo, recordar que lo ocurrido en Europa en la mitad del Siglo XX, en la cuna de civilización puede volver a ocurrir si no se educa a las nuevas generaciones.

¡Nuca más! Reza la frase que se esgrime cada 27 de enero en el Día Internacional de Conmemoración en Memoria de las Víctimas del Holocausto; que nunca ocurra, pero ojalá nunca lo olvidemos, que lo recordemos a diario, que sea parte de nuestra humanidad, no sólo el crimen contra el pueblo judío, sino contra la existencia misma de aquello que nos hace hombres y mujeres.

shoah memorial paris
Memorial de la Shoah en París (Francia)

* Lic. Junior Aguirre Gorgona es Profesor Estudios Sociales y Educación Cívica

Correo: jaguirre89g@gmail.com

 

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