Que nuestros chicos descansen en paz.

BRINGBACK

Por Waldo Wolff

Dicen que no es políticamente correcto escribir en caliente.
Sera que son estos los momentos en los cuales confirmo que soy un judío que activa políticamente y no un político que activo en el judaísmo.
Hace apenas una hora que la noticia del asesinato de estos tres adolescentes, Gil-ad, Eyal y Naphtali atraviesan como una daga el corazón de la judería mundial y los llamados y mensajes que intercambiamos los dirigentes son de una tristeza y dolor solo comparables a la muerte de uno de nuestros hijos.
Las palabras que aparecen como común denominador entre nuestras conversaciones y chats son barbarie, terrible, tristeza, horror, locura, tremendo y enfermedad entre otras. Y el tono de nuestras voces son de una congoja indisimulable.
Gran parte del mundo va a hacer silencio una vez más y se sucederán sentidos actos en distintos lugares. Todos ellos propuestos por las comunidades judías. Y una vez más muchos que dicen defender los derechos humanos guardarán un silencio inexplicable aduciendo que este asesinato es parte de un conflicto territorial.
En medio de mi congoja les espeto que no entienden un carajo!!
Que se trata de un conflicto de valores. Que aunque disputemos el mismo territorio y que aunque dicha disputa arroje muertos en ambos lados del territorio, la diferencia es abismal.
La primera diferencia es que no van a tener los palestinos que cuidar a sus civiles en ninguna parte del mundo como si lo hacemos nosotros en cada establecimiento judío en el que les brindamos medidas de seguridad aeroportuarias y de mandatarios de estado a nuestros hijos.
La segunda es que no van a encontrar una sola foto de un judío que se precie de practicar aquellos valores que nos dan identidad como colectivo festejando la muerte de un civil. Ni ahora ni nunca. Y mucho menos secuestrando o asesinando a uno a sangre fría. Y si lo hiciera sería juzgado por propios además de por extraños.
Y la tercer diferencia entre tantas otras que a esta hora encuentro es que mañana en todos los establecimientos judíos del mundo habrá duelo en señal de respeto por la vida y como enseñanza a nuestros hijos de lo mucho que nos importan por encima de las diatribas que saldrán de boca de los monstruos de la Jihad que seguirán educando autómatas listos para inmolarse ante los civiles de turno como lo hicieron ayer los miembros de la secta islámica Boko Haram asesinando cristianos en Nigeria.
A los que se dicen defensores de los derechos humanos que no van a proferir condena solo me resta decirles que lamento que la muerte de nuestros hijos sirva una vez más para sacarles su triste, precario e indisimulable disfraz.
Es que el silencio en estos casos no los enemistará con un judaísmo que hace rato no los considera amigos. Los ubicara sin duda en el lado que la historia sitúa a quienes desde la tibieza de no tomar partido terminan siendo cómplices de los peores procesos encubadores de las catástrofes culturales de las cuales el mundo ya ha visto un montón.
Que nuestros chicos descansen en paz.

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