El auto odio en las minorías…

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Por Jacobo Schifter Sikora*.

Para los que hemos estudiado las minorías, sabemos que todas han interiorizado el odio social contra ellas. Este odio hace que algunos de sus líderes, con el fin de buscar la aceptación social, se ponen del lado de los enemigos. Para los judíos o para los gays no es un secreto que no hay peor rama que la del mismo palo. En el caso de los hebreos, por ejemplo, varios conversos, inclusive el mismo Torquemada, descendían de judíos. En la Alemania nazi, varios homosexuales formaron parte de la SS y se salvaron mientras mandaban a otros a los campos de concentración. Se sabe que hasta el chofer de Hitler era homosexual y que Goering le gustaba usar maquillaje y vestirse de mujer. El gran aliado de Hitler que construyó lo que sería la SS era Ernest Roehm, un homosexual abierto. Muchos dicen que Hitler lo mandó a matar en 1935 y 200 de sus amigos, porque temía que se revelaran más sobre los homosexuales escondidos en el Partido Nazi, inclusive posiblemente que el mismo Hitler se había prostituido, cuando eran un pintor medio muerto de hambre, en Viena.

Ante en antisemitismo alemán, los judíos se dividieron en dos ideologías (aunque no del mismo número). Los integracionistas, unos pocos, al principio, echaron la culpa a los pobres inmigrantes judíos del Este del antisemitismo alemán. Creían que ellos hubieran ya sido aceptados si no fuera por las migraciones de miles de judíos de Galicia. Estos eran judíos tradicionales y religiosos que para los alemanes, no eran refinados. Los judíos alemanes creyeron erróneamente que cambiando a sus paisanos polacos, se acabaría el problema. No obstante, no se percataron que el problema eran ellos mismos, los asimilados.

En 1897, Walther Rathenau publica el artículo “Shema Israel” en una revista “Die Zukunf” en que pide a los judíos que cambien su manera de hablar, de caminar y de actuar. Otto Weininger en “Sexo y Carácter” hace analogía de los judíos con las mujeres. Los antisemitas, según él, luchan contra la feminidad que hay en todo hombre judío. Rahel Varnhagen era la anfitriona de la aristocracia y burguesía de la última mitad del siglo XIX y su casa era un centro de artistas y de cultura. Ella veía el judaísmo como una mancha que no se podía limpiar y cuando se quedó sin dinero para agasajar a los invitados, tuvo que contentarse con solo tener amigos judíos. La razón: los gentiles no querían nada que ver con una judía pobre, incapaz ya de entretenerlos.

Heine, el poeta que se bautizó, también odiaba su pasado judío y esto caracterizó a Stefan Zweig, a Karl Kraus, a Kafka, a Jacob Wasserman y a Fritz Mauthner. Freud también aspiró a ser aceptado y reconocido como forma de superar el antisemitismo. Kafka dice que a veces hubiera querido meter a los judíos del Oeste en una gaveta y sofocarlos. Él incluido. Jacobo Wasserman, novelista, admite que nunca se libró de la vergüenza de ser judío.

En esta época, no nos faltan judíos que se unen al grupo antisemita que culpa a Israel de todos los males y que se ponen del lado de los pobres palestinos, como Norman Finkelstein y Noam Chomski. Finkelstein es conocido por sus escritos, en los que mantiene un punto de vista crítico sobre el papel de Israel en el Conflicto árabe-israelí, y por su tesis de que el Holocausto está siendo explotado por fines políticos pro-israelíes y para financiar a los actores políticos en desmedro de los verdaderos sobrevivientes (véase La industria del Holocausto).

En palabras de Chomsky: “(…) No veo implicaciones antisemitas en el hecho de negar la existencia de las cámaras de gas o incluso en el de negar el Holocausto. Ni tampoco es una implicación antisemita, per se, decir que se está aprovechando el Holocausto (crea uno que ocurrió o no) de forma agresiva, por parte de apologistas de la violencia y la represión israelíes (…)”.(respuesta de Chomsky a Rubinstein, 1981).

El que estos hayan tenido éxito en sus carreras, igual que García Marquez, no significa que sus ideas políticas tengan ni inteligencia ni objetividad. Si el querido Gabo miró con admiración a Fidel Castro, también Heidegger vio con buenos ojos a Hitler. Todos ellos pertenecen a la izquierda estúpida de hoy día. Por suerte, existe una izquierda que no se traga las mentiras de los árabes y musulmanes que piden la destrucción del Estado de Israel y el genocidio de los judíos.

Los musulmanes no les importan los palestinos y si les importaran, los hubieran recibido y otorgado la nacionalidad porque antes de 1967, todos se identificaban como árabes. En Jordania, Kuwait, Siria y Líbano, los árabes han matado más palestinos que los judíos en todas sus guerras con ellos. Partir Israel es un paso para destruirlo. Si se lee en árabe los periódicos del Medio Oriente y se lee lo que hablan sus políticos, la meta es exterminio, no la vida en armonía de judíos y árabes.

* Jacobo Schifter Sikora: Escritor costarricense, Profesor de historia. Ha publicado gran cantidad de libros de diferente temática, sobre todo relativos a la defensa de las minorías y estudios sobre sexualidad. Se ha desempeñado como profesor en la Universidad Nacional de Heredia y ha ocupado cargos de relevancia en la facultad de Ciencias Sociales.

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