Educación y Derechos Humanos

DDHH

Por Jacobo Schifter*

Mucha gente cree que la educación es la panacea de todos los problemas sociales. También que la gente educada es más civilizada. Sin embargo, los estudios acerca de la humanidad de los universitarios y de su apoyo a los derechos humanos, no nos permite concluir esto. Por el contrario, la universidad, como institución de jerarquía, control, observación, exámenes y poder, no parece formar mentes independientes capaces siquiera de saber lo bueno de lo malo. Uno de los estudios polémicos sobre el tema fue el de Stanley Milgram, psicólogo en la Universidad de Yale. El fin de la prueba era medir la buena voluntad de un participante a obedecer las órdenes de una autoridad aún cuando estas entraran en conflicto con su conciencia personal. Se seleccionó un grupo de estudiantes universitarios a los que no se les dijo de qué se trataba el experimento.

El investigador (V) persuade al participante (L) para que dé lo que éste cree son descargas eléctricas dolorosas a otro sujeto (S), el cual es un actor que simula recibirlas. El investigador exige cada vez descargas más altas porque el participante no responde adecuadamente a las preguntas. El que simula se retuerce del dolor, pero el investigador da órdenes de que es importante que el experimento, y los choques eléctricos, continúen.

El 65% de los participantes (26 de 40) aplicaron la descarga de 450 voltios, aunque muchos se sentían incómodos al hacerlo. Si estas descargas hubieran sido impuestas de verdad, hubieran liquidado a los sujetos del experimento. Ningún estudiante paró en el nivel de 300 voltios, límite en el que el alumno dejaba de dar señales de vida. En otras palabras, la gran mayoría de los estudiantes universitarios mataría si recibiera órdenes de hacerlo por parte de sus profesores.

Otros psicólogos de todo el mundo llevaron a cabo variantes de la prueba con resultados similares, a veces con diversas variaciones en el experimento.

En 1999, Thomas Blass, profesor de la Universidad de Maryland, confirmó que en todos los experimentos realizados hasta entonces, el porcentaje de participantes que aplicaban altos voltajes se situaba entre el 61% y el 66%, sin importar el año de realización ni la localización de los estudios. Las razones: conformidad y auto exoneración de culpa.

La educación universitaria, entonces, no forma personas de mente crítica o siquiera ética. Porque el pensamiento venga con sello universitario, no significa nada. Y pensemos ahora cuánto mejores serán los estudiantes hoy día en que las carreras son todas técnicas y en manos de universidades privadas cuyo fin es el lucro.

 

* Profesor Jacobo Schifter Sikora: Se ha desempeñado como profesor en la Universidad Nacional de Heredia y ha ocupado cargos de relevancia en la facultad de Ciencias Sociales.

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