¿Es España un país antisemita?

No es Berlin en 1938 es España en el 2013
No es Berlin en 1938 es España en el 2013

 

Lo que predomina en los ciudadanos españoles no es el odio sino una profunda ignorancia respecto de lo judío

La opinión pública española mantiene una visión negativa, especialmente negativa si se compara con el resto de Europa, del Estado de Israel desde su fundación

Alon Bar, embajador de Israel en España: “La mayoría de las críticas a Israel en los medios españoles no pecan de antisemitismo pero en diferentes expresiones sí se une la crítica a Israel con estereotipos judíos”.

Una frase que bien podría resumir el espíritu del actual antisemitismo español se encuentra en la novela de Umberto Eco El cementerio de Praga: “Yo, a los judíos, los he soñado muchas noches durante años y años. Por suerte nunca he conocido a ninguno”, confiesa en las primeras página el protagonista Simón Simonini.

No es exagerado decir que la mayoría de los españoles no ha conocido, conscientemente al menos, a ningún judío. Y sin embargo, todo español tienen muchas posibilidades de tener algún antepasado hebreo. No es fácil determinar cuántos judíos, entre nacionales y extranjeros, viven actualmente en España. Según las fuentes consultadas la cifra oscila entre los 10.000 y los 50.000. En cualquier caso no supone más de un 0,2% de la población.

Por el rastro que la historia ha dejado en el idioma cualquiera podría concluir que España es un lugar inhóspito para un hebreo. El diccionario de la RAE sigue definiendo ‘judiada’ como “acción mala, que tendenciosamente se consideraba propia de judíos”; la segunda acepción de ‘sabbat’ es “en las leyendas y creencias sobre la brujería, aquelarre”; y la tercera de ‘sinagoga’, “reunión para fines que se consideran ilícitos”.

Son expresiones que han ido cayendo en desuso con los años, arcaísmos en los que ya no se advierte siquiera la mala intención. La responsable de comunicación de la Federación de Comunidades Judías de España María Royo asegura que “lo que molesta no son estas expresiones sino la pervivencia de determinados estereotipos relacionados con lo judío”. “España no es un país antisemita”, explica María, “pero sí pervive un estereotipo sobre lo judío que es muy difícil de extirpar. Se relaciona fácilmente con dinero, con poder, con lo oscuro. A mí todavía me dicen cosas como: ‘¿Tus jefes son judíos? Pues deben de pagar muy bien’”.

El embajador israelí en España Alon Bar considera que “España es el mejor destino que podría soñar un diplomático israelí. Me encantan las personas y los debates que tenemos”. Advierten poco rechazo. Lo que reconocen todos los entrevistados para este reportaje es que, a pesar de la influencia que ejerce sobre la cultura española y sobre el cristianismo que profesan mayoritariamente los españoles, existe una ignorancia generalizada acerca de las cuestiones más básicas de la tradición judía, empezando por la más elemental:¿Qué diferencia a un judío de un gentil? Prueben a realizar esta pregunta en su entorno.

Como asegura el investigador del Real Instituto Elcano, Javier Noya: “Los españoles no son prosemitas ni antisemitas. Son completamente indiferentes, porque no conocen ni la religión hebrea, ni la historia de los judíos en su país”. “Aquí, aunque los antisemitas quisieran profanar una tumba no sabrían dónde encontrarla”, zanja. En definitiva, según Noya, “España no es Francia”.

Crece el antijudaísmo en Europa

¿Por qué el investigador cita el ejemplo del país vecino? Una reciente encuesta realizada entre la población hebrea de ocho países europeos por parte de la Agencia Europea de Derecho Fundamentales revela un alarmante crecimiento del odio contra lo judío, sobre todo en Francia y Hungría. Más de la mitad de los judíos franceses se ha planteado emigrar a causa de la hostilidad que encuentra en su país.

En este sondeo no está incluida la opinión de los judíos españoles. Uno de los estudios más recientes sobre antisemitismo en los que sí está incluida España es obra de la Antidefamation League, organización estadounidense destinada a detener “la difamación del pueblo judío”.

Los investigadores plantearon en 2009 una serie de cuestiones a 500 españoles. El 72% respondió que es “probablemente cierto” que “los judíos son más leales a Israel que a su propio país”; el 60% considera igualmente “que los judíos tienen demasiado poder en el mundo de los negocios”; el 67% que “tienen demasiado poder en los mercados financieros internacionales; y el 47% estimaron que era “probablemente cierto” que “los judíos aún hablan demasiado sobre lo que les sucedió en el Holocausto”.

Estos clichés se perpetúan, impermeables a toda racionalidad, pero a pesar de ello tanto desde la Federación de Comunidades Judías como desde la Embajada de Israel en España descartan que exista una abierta hostilidad hacia lo judío y, excepto por acciones muy puntuales, aseguran tener una convivencia apacible con sus vecinos. La conclusión vuelve a ser que en el español medio hay más ignorancia que odio.

María Royo pone el ejemplo de un titular que pudo leer en un diario digital esta misma semana: ‘El lobby empresarial judío catalán pasó del viaje soberanista a Israel de Artur Mas’. “¡Si eso no existe aquí! ¡Si la información habla de 3 empresarios! Según parece, se juntan 3 judíos y ya son lobby”, exclama antes de añadir: “Además, el lobby que actúa en Estados Unidos no es projudío sino proisraelí, que es muy diferente”.

¿Odio o crítica?

Es una confusión habitual, alimentada en ocasiones por determinados dirigentes israelíes que pretenden anular las críticas a las políticas de su gobierno con el argumento del antisemitismo.

Hace menos de 30 años que España e Israel establecieron lazos diplomáticos. Dicho de otra manera, España tardó casi 40 años en reconocer la existencia del Estado hebreo. La opinión pública española mantiene una visión negativa, especialmente negativa si se compara con el resto de Europa, del Estado de Israel desde su fundación.

Tal y como revela un estudio realizado en 2007 por el Real Instituto Elcano, “a la hora de expresar sus preferencias y simpatías por israelíes y palestinos, los españoles se manifiestan predominantemente más cercanos a los segundos. Según un estudio reciente, solo un 9% de los entrevistados afirma simpatizar más con Israel (frente a un 24% en el Reino Unido, un 38% en Francia y un 37% en Alemania)”.

Hay otra constante histórica que revelan los periódicos sondeos realizados entre la opinión pública, la percepción sobre el Estado de Israel empeora cuanto más a la izquierda se confiesa el encuestado. Según el citado estudio son los votantes del PP los que expresan más simpatía, o más bien menos antipatía, con Israel (al que otorgan una nota media de 4 sobre 10), que entre los del PSOE (3,3) o IU (2,7).

El investigador del Instituto Javier Noya concluye que “hay un rechazo muy específico y concreto de Israel y su política sobre Palestina. En lo demás hay indiferencia”. El embajador Alon Bar asume sin dramatismos la posición crítica de los españoles con su gobierno: “La gran mayoría de los reportajes, opiniones e informes que llegan sobre el conflicto palestino no se pueden calificar de ninguna manera como antisemitas. Incluidas opiniones que son muy duras con mi país. Pero en diferentes expresiones sí se puede interpretar que unen la crítica a Israel con estereotipos judíos, no ocurre a menudo pero sí ocurre”.

Hay varios ejemplos que respaldan la opinión de Alon Bar. Suele señarse como paradigmático el de una viñeta publicada en 2009 en el diario El País en la que un hombre con rizos y nariz ganchuda (eterna caricatura del judío) se jacta del dinero que cuesta poder “violar con total impunidad todas las leyes humanas e internacionales”. La utilización de los rasgos propios de un judío ortodoxo para representar a un israelí arquetípico o de la estrella de David para representar al Estado de Israel es tristemente habitual en el humor gráfico español.

¿Dónde está la línea que separa la legítima crítica a las políticas de un gobierno del odio racial o religioso? El embajador contesta: “En el momento que empiezan a dar diferentes generalizaciones de una política que no hubiera dado a otro país en situaciones similares. En el momento en que aplican criterios a Israel a los que no someten a ningún otro país en el mundo. Ahí es cuando yo empiezo a preocuparme. Me ocurre lo mismo cuando empiezan a utilizar expresiones como el ejército judío, el Estado judío o las relaciones y presiones en norteamerica de los judíos”.

Desde la Federación de Comunidades Judías, María Royo reflexiona: “Todos los gobiernos son susceptibles de crítica. Es más, tiene que haberla y en Israel los medios hace una crítica feroz de las políticas de sus gobiernos. El nuevo antisemitismo no lo es por criticar las políticas de Israel sino por poner en entredicho el derecho a la existencia de Israel como país judío. Se le niegan a los judíos el derecho a tener un país”.

El ‘Informe sobre el Antisemitismo en España durante el año 2012’ realizado por la FCJE y el Movimiento contra la Intolerancia cita una serie de ejemplos de las formas en que el antisemitismo se manifiesta en relación al Estado de Israel: “Negar al pueblo judío el derecho de autodeterminación, por ejemplo afirmando que la existencia del Estado de Israel es un proyecto racista. Aplicar una doble moral exigiendo al Estado de Israel un comportamiento que no se espera y demanda de ningún otro Estado democrático. Usar símbolos e imágenes asociadas con el antisemitismo clásico (por ejemplo, la acusación de que los judíos asesinaron a Jesús o el libelo de la sangre) para caracterizar a Israel o a los israelíes. Realizar comparaciones entre la política israelí actual y la de los nazis. Responsabilizar colectivamente a los judíos por acciones del Estado de Israel”.

Autor: Rafael Latorre
Publicado en Zoomnews.es

Tomado de Visión de Israel.

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